Ibeth De Sedas, Panama
Ibeth De Sedas Historia de la colestasis intrahepática del embarazo

Mi embarazo no fue nada fácil, desde el inicio siempre tuve mareos y nauseas, sentía una fatiga inmensa y tenía mucho sueño. Me dijeron que todos los síntomas eran normales que a los tres meses se me iban, pero no, me acompañaron hasta las 23 semanas. Por tres semanas disfruté mi embarazo plenamente. A la semana 26 empecé con una comezón en las manos y brazos, pensé que era alergia, pero pasaron los días y me picaba más y en más partes del cuerpo, las náuseas y los mareos volvieron. Un día en el trabajo no aguanté más y me subí a mi carro a rascarme bien y la piel de las piernas la tenía tan irritada que me ardía. Llamé a mi ginecóloga desesperada para que me diera algo para la alergia, me preguntó que desde cuando estaba así, y me dijo lo siguiente: “Quiero que te calmes, te voy a mandar una orden de laboratorios al correo y quiero que vayas inmediatamente a hacértelos, y me los envías a penas tengas los resultados y hablamos”. Quedé en shock, obviamente no era una alergia, empecé a buscar por internet comezón en embarazadas y apareció el término colestasis intrahepática del embarazo. Empecé a preocuparme, jamás había escuchado esa enfermedad.

Los resultados del laboratorio estaban disputadísimos, triplicaban los rangos normales. Acudí al consultorio de mi doctora con mi esposo y nos habló de la enfermedad, nos explicó que es de origen desconocido, que es muy poco común (y en mi país más) y que lo más importante es que estuviera calmada porque el estrés la empeora. Me recetó el ácido ursodesoxicólico y me refirió con un gastroenterólogo y con nutrición. Los monitoreos del bebe iban a ser semanales y debía estar muy pendiente del movimiento del bebe. Me inyectaron corticoides también.

El gastroenterólogo me ordenó exámenes semanales para ver como andaban los niveles de ácidos. Las primeras semanas no bajaban nada, y me subió la dosis de las urso. Los niveles quedaron ligeramente altos del rango para la semana que la bebe nació.

La nutricionista me hizo una dieta baja en grasas y de acuerdo al requerimiento calórico que necesitaba por mi bebe. A la semana 35 tuve cita con el neonatologo que nos iba a atender. Un doctor que tenía experiencia en embarazos con colestasis. Fue muy directo y muy crudo, me habló de problemas respiratorios, de sufrimiento fetal, de pasar tiempo en incubadora, días. Salí más deprimida.

Demoré 10 semanas en total con comezón. Las urso lograron bajar mis niveles de ácidos, pero la comezón nunca disminuyó. No dormía, lloraba, me lastimaba la piel. A veces me daban ataques de pánico y empezaba a llamar a todos los doctores, pobres los tenía locos también.

Tuve cesárea programada a la semana 36. Gracias a Dios y a los médicos que me atendieron mi bebé nació bien, respiró bien y no necesitó incubadora.
Duré tres semanas más con comezón leve.

Hoy mi bebe ya tiene un año y atrás quedó la colestasis, como un recuerdo del pasado. Estoy infinitamente agradecida por mi hija, es una niña sana, y tenerla conmigo hace que todo lo que pasé haya valido la pena.

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